Quiebres y Transformación Humana

Miércoles, Enero 18, 2012 posted by:
"Ningún mar en calma
hizo experto a un marinero"
   - Anónimo -  

La mala Prensa

Sabemos que las partes complejas y difíciles de la presencia humana en el mundo son realidades necesarias de atravesar en el transcurso de la vida y gracias a ellas logramos penetrar en las capas más profundas de la existencia misma, aumentando nuestra sabiduría con la vida y nuestro propio autoconocimiento.

Sin embargo, en la época que hoy vivimos todo lo que hace el sistema social es evitar que nos conectemos con los quiebres porque “no hay tiempo”, porque es “improductivo” o por la mala creencia popular instalada en la cultura actual de que debemos estar siempre alegres, positivos y tener un bienestar obligatorio y a toda prueba, una felicidad bien de "comercial de televisión". Nada más alejado de la realidad.

Claramente los quiebres tienen mala prensa y son muy poco estimulados como espacios de crecimiento por nuestra sociedad pero es importante comprender que: “sin quiebres no habría aprendizaje y sin aprendizaje no habría evolución humana”.

Las personas necesitamos aprender a amigarnos con nuestros quiebres, a perderle el miedo y valorarlos como experiencias que nos traerán nuevas comprensiones a futuro y una mayor fuerza interior, generando un salto evolutivo en nuestro nivel de consciencia y un fortalecimiento de nuestros recursos personales.

La ruptura

Los quiebres son una ruptura al devenir de la transparencia en la vida. Esta ruptura es una interpretación personal originada por algún estímulo exterior con su consiguiente respuesta emocional que rompe el esquema de lo habitual y que genera una sensación de desajuste, pérdida, amenaza y una consciencia del costo de nuestras acciones y responsabilidades propias y de otros. Somos nosotros quienes hacemos la atribución de qué es un quiebre y qué no lo es. Es un juicio, es una percepción subjetiva y es una sensación personal que hace que un fenómeno o una experiencia sea para nosotros, evidentemente, un quiebre.

El quiebre nos permite tomar consciencia que algo se ha perdido, que se puede perder, que algo se ha dañado o se ha visto afectado. Las situaciones han dejado de ser como eran inicialmente en este devenir normal de la cotidianeidad y en la aparente sensación de certezas con la vida o las relaciones, lo que nos puede amenazar el estado de seguridad, la estabilidad y el equilibrio.

Los quiebres nos generan conflictos y con ello una sensación de desadaptación, incomodidad e incluso sufrimiento en algunos casos.

El quiebre y la transformación humana

Los quiebres son, por definición, espacios de transformación y aprendizaje. Es fundamental reconocer que ellos son centrales para nuestro proceso de maduración humana, para el crecimiento y el despertar personal y que si bien pudiesen dolernos, incomodarnos o desestabilizarnos en su momento, cuando logramos superarlos y rescatar el aprendizaje, es cuando reconocemos y valoramos que fue un aporte y nos entregó enseñanzas que inicialmente no tendríamos sin su aparición.

Es cosa de mirar nuestra propia vida y observar los momentos difíciles, las situaciones dolorosas, los hechos de sufrimiento en nuestra historia y comprender que luego de ellas algo internamente en nosotros ha cambiado, algo ha permitido evolucionar y en algo hemos salido fortalecidos. Nadie dice que son fáciles y que la experiencia necesariamente sea gratificante al momento de vivirla pero que nos sirvió, nos sirvió.

En definitiva, hemos aprendido gracias a los quiebres.

A veces ellos nos desajustan y nos invitan a salir amigablemente de nuestra zona de confort. En otras, nos expulsan violentamente, amenazan destruir nuestros paradigmas y nos enfrentan a grandes conflictos emocionales con poca capacidad de respuesta efectiva de nuestra parte y con muy poco espacio para estabilizarnos. Pero lo claro es que toda transformación humana tiene quiebres asociados que generan movimientos sino sólo es un cambio momentáneo y será poco sostenido en el tiempo.

Habilitar el quiebre

Sin embargo, en el momento mismo que estamos habitando el quiebre no podemos conectar con el aprendizaje y claramente no nos es posible comprenderlos como espacios de transformación. Pudiendo ser incluso una falta de empatía expresar esta idea cuando estamos viviéndolos.

Es natural, esperable e incluso necesario habitarlos sin entender el aprendizaje asociado. No es recomendable apurar la llegada del aprendizaje pues estos requieren un proceso de decantamiento, de maduración y de consciencia mayor que siempre llega una vez terminada la experiencia.

Habitarlo es respetar y validar lo que se siente, no negándolo y quedándose emocionalmente con la sensación por un tiempo definido y muy consciente de cómo y cuándo empezar a concretar los pasos para salir y conseguir aprendizaje. Habitar es sostener y sobre todo conectar con lo que nos pasa internamente, para así entregar la mayor cantidad posible de información, consciencia y experiencia para el aprendizaje futuro.

Claro que habitar no es lo mismo que quedarse pegado ni estacarse. No es lo mismo estar abatido ni embotado por la situación que simplemente estando en él. Por lo mismo, no estoy hablando de estar por tiempo ilimitado dándole vueltas a un problema “sin salida” o tratando de revivir una experiencia que ya entregó información suficiente ni mucho menos transformarlo en un karma o castigo divino que se perpetúe como una forma de estar en el mundo.

Acompañamiento respetuoso

Desde nuestra pequeña comprensión de los cambios que necesitan las otras personas no me parece adecuado interrumpirlos con nuestra interferencia por querer que el otro salga rápido ni con nuestro deseo de cómo debería ser el proceso de aprendizaje del otro. Por ello, es mejor aprender a respetar el espacio del dolor, la incomodidad y el momento mismo de quedarse en el quiebre ayudando a que la persona lo habite y no “sacándola” según nuestros ritmos de aprendizaje, deseos o expectativas.

Esta tendencia a sacar al otro del problema rápidamente también es un reflejo de nuestra real incompetencia y falta de control al ver que “poco o nada” podemos hacer por el otro, dado que el quiebre mismo pertenece al listado de experiencias de aprendizaje de su propia vida y que de él o ella depende el hacerse cargo del aprendizaje del mismo. Por ello, en ocasiones ayudar a otros es simplemente acompañar.

Dado lo anterior, primero que todo, propongo evitar esta tendencia maternal y ese mal entendido cuidado de que “salga” rápidamente del dolor, sufrimiento o para que no esté incómoda o incómodo con la situación. Si eso llegase a pasar y no se logra conectar con la experiencia en toda su magnitud, el aprendizaje podría desviarse, no llegar o incluso posponerse provocando que conflictos similares vuelvan en la misma forma o incluso con mayor intensidad en el futuro. Por no saber sostenerlos ni aprender de ellos, es común ver cómo vuelven a nuestra vida una y otra vez a mostrarnos que la lección aún no la aprendemos.

Segundo, sugiero también que nuestras conversaciones no giren ni tengan como foco que la persona no conecte con lo que le ocurre, cambiándole el tema, buscando dar rápida solución o darle cualquier “remedio infalible” para evitar la incomodidad, el dolor o el sufrimiento. No caer tentados en esa búsqueda ansiosa por lograr rápidamente el bienestar y retornar a la zona de confort, creyendo que la estabilidad de ánimo positivo es la forma correcta como la persona debería estar todo el tiempo. Pareciera ser una mal entendida empatía, evitando que el “otro sufra”, obstaculizándole una experiencia para crecer, fortalecerse y evolucionar. Si el otro sufre es porque algo tiene que aprender de esa experiencia.  

Tercero, practicar un acompañamiento respetuoso y evitar el paternalismo directivo de: “lo que tienes que hacer”. Sugiero generar un acompañamiento compasivo, respetuoso y disponible y estar cuando se necesite, cuando el otro pida ayuda y manifieste su deseo de estar acompañado. Para esto nos ayuda mucho escuchar abiertamente, contener, apoyar y dejar que la propia persona vaya buscando sus propios recursos, respuestas y aprendizajes. No apurar, no darles nuestras recetas, no hacerle el trabajo ni menos decirle lo que tiene que hacer aunque la costumbre sea esa. A pesar que la sociedad diga lo contrario no hacer de consejeros y ayudadores sabelotodos porque no lo somos. No hacer lo que todo el mundo hace pues el hábito social se equivoca en este caso y, en tantos otros, cuando estos mandatos sociales no aportan al aprendizaje humano, la evolución y el crecimiento.

Recordemos también que los quiebres son señales de la vida para abrir un aprendizaje en nuestro nivel de consciencia, apertura con la existencia y aportes de comprensión del misterio de la vida. Por ello, en muchos círculos de desarrollo personal se habla de ellos como regalos y bendiciones que nos trae la experiencia de estar en la vida.

Obstáculos al aprendizaje

Observo algunos grandes obstáculos en esta materia.

Por una parte, la tendencia a negar o minimizar la existencia de problemas en el momento presente. En su extremo, sería vivir la vida totalmente desconectado, evitando permanentemente el conflicto y negando las experiencias doloras e incluso incómodas que nos presente la vida. Obstaculizando el aprendizaje y quedándonos privados para aumentar nuestro nivel de consciencia.

El segundo obstáculo que veo es no hacerse cargo de la responsabilidad personal en la  situación buscando permanentemente la responsabilidad en otros. Obviamente que somos seres sociales y, en el caso de conflictos relacionales, la responsabilidad siempre será compartida. Pero sucede que muchas veces nadie desea hacerse cargo de la propia responsabilidad que les compete, externalizando el problema y incluso buscando culpables, pensando que sólo con eso resolveremos el quiebre.

El tercer obstáculo que observo es que siempre se intentan solucionar de manera  individual y con los recursos actuales. Eso es una paradoja pues si es un quiebre es porque los recursos no fueron suficientes para enfrentar la situación pero se tiende, como hábito, a solucionarlo de manera individual y con lo que se sabe o se tiene.

Todo quiebre es considerado como tal porque sale de nuestro dominio de control, de nuestro dominio de experticia o sale de este espacio donde ya no es transparente ni cómodo. Al salir de esa transparencia (o zona de confort) hay un momento para la exploración y la búsqueda de un nuevo repertorio de respuestas para movernos de mejor manera por la vida. O sea, para generar nuevas interpretaciones y nuevas prácticas. Pero eso no siempre sucede.

Ahí observo que aparece nuestra arrogancia dado que he observado que muchas veces las personas sabiendo que necesitamos ayuda no somos capaces de pedirla (excusándonos que no sabemos a quién o no sabemos cómo) intentando, obstinadamente y sólo con nuestros recursos, enfrentar todas las situaciones a nuestra manera. Por supuesto que es posible salir adelante solos con perseverancia y tesón pero llegaremos hasta un poco más sobre el nivel que tenemos actualmente y dándonos una visión limitada de lo que ocurre pues intentamos cambiar desde nuestra propia historia pero también de nuestras propias cegueras, avanzando en la vida y superando obstáculos seguramente pero sin comprender a cabalidad lo aprendido ni el sentido superior de la experiencia.

Enfrentar los quiebres como estilo de vida

Cuando hablo de enfrentar un quiebre y mirarlo directo a los ojos sin evitarlo también estoy hablando de un estilo de vida de hacernos cargo de todo lo que compete en nuestra vida. Es una forma de estar en el mundo siendo responsables de nuestro aprendizaje y nuestra evolución y no esperar que la vida, como un concepto abstracto, nos haga el trabajo de aprender de ella.

Tenemos que poner de nuestra parte y eso implica mirar nuestras competencias y recursos pero también reconocer nuestras brechas e incompetencias de aprendizaje. Todo basado en que la vida tiene relación con el aprendizaje y el fortalecimiento de nuestro ser en cada experiencia terrenal.

Esa búsqueda por aprender y comprender el sentido de las propias experiencias dolorosas como un estilo de vida, resultan un buen motor para querer siempre mejorar y evolucionar en la vida, entendiendo que siempre es un trabajo personal pero que puede ser acompañado por otros. Porque gracias a su mirada y presencia, su escucha y su acompañamiento respetuoso nos pueden ayudar a despertar potenciales dormidos, ampliar nuestra comprensión de las cosas y reconocer capacidades desconocidas y necesarias que sólo emergen con las crisis, los conflictos y los quiebres.

El estilo de vida de hacerse cargo de nuestras partes luminosas y de nuestros conflictos resulta un acto de responsabilidad con nuestra vida y con nuestros actuales y futuros potenciales, que se despiertan gracias a los quiebres y la consciencia del aprendizaje. Esa consciencia y deseo de crecer nos entrega también la valentía suficiente para adentrarnos de cuerpo y alma en ellos y salir cada vez más fortalecidos y agradecidos del aprendizaje. 

Shenyin Loo Valdés
Coach Ontológico

 Artículo realizado el año 2013

Deja un comentario

Biblioteca Virtual