Invertir en uno mismo

Martes, Enero 28, 2014 posted by:

“La vida no espera a nadie”
- Anónimo -

 El mal hábito de postergarse


Es muy común este fenómeno del postergarse. Y postergarse me refiero a dejar para después las prioridades personales por otras actividades del momento. Es la frecuente priorización del mundo exterior y lo contingente en desmedro del mundo interior y de lo que para nosotros es importante.

Común es escuchar a las personas decir: “hace tiempo que ya no hago lo que me apasionaba porque ahora tengo otras cosas que hacer”, “me he dejado estar porque los compromisos me tienen colapsado”, ”todo mi tiempo se me va entre el trabajo y los hijos”, “ya no tengo tiempo para mí y lo que me siempre me gustó”, “ni siquiera me alcanza para dedicarme a mis hobbies”, “dado mi exceso de trabajo, no tengo tiempo para vivir”, “ya no tengo vida”.

Yo diría que no necesariamente no se tiene vida. 

Sí, se tiene una vida. Pero una vida volcada hacia afuera. Una vida con el foco puesto en las actividades externas y exigencias del entorno, en los compromisos “ineludibles”, en prioridades dadas por moldes sociales. Esa tendencia que se instala en algunas personas comienza a gestarse al final de la formación académica, cuando ingresamos al mundo del trabajo o en caso de muchas mujeres cuando tienen su primer hijo(a).

Hacer por hacer

Empieza como un inocente actuar automático e irreflexivo que se basa en un anhelo neurótico por hacer las cosas bien, creyendo que hacer las cosas bien es sacrificarse respondiendo a todas las demandas del entorno. Ese comportamiento se puede repetir y repetir en el tiempo, con poca consciencia e instalándose progresivamente como un hábito y, con los años, transformándose en un estilo de vida. El estilo de vida de la postergación personal. El estilo de vida de estar volcado al mundo exterior y a las exigencias sociales. El estilo de vida de no escucharse, de negarse, de postergarse para un “después”, para cuando “tenga tiempo para mí”. Tiempo que con el paso de los años parece no llegar nunca.

Y de ahí, la propia vida personal se diluye en un conjunto de acciones que comienzan a perder el propósito y el sentido de lo que se hace. El hacer cotidiano se vuelve automático, rutinario e inconsciente. Los propósitos o el sentido de para qué se hace lo que se hace, se diluyen en el ritmo de vida habitual perdiendo la fuerza y la motivación necesaria que aportan la focalización y la dirección en las acciones permanentes que realizamos.

Todo aparece relativamente tranquilo, hasta que de pronto te asesoras con un coach que te pregunta: ¿para qué realmente haces lo que haces? Y te sorprendes cuando no tienes capacidad de respuesta pues nunca te has hecho la pregunta directamente.

Incluso plantear eso de la postergación de la vida personal me parece un disparate. ¿Cómo se puede postergar la vida personal, si la vida es siempre personal? Quizás lo diré de otra manera. Estoy hablando del hábito de posponer la propia verdad interior y el necesario aprendizaje personal por las reales y las inventadas obligaciones externas (o exigencias sociales), negando la realización y el desarrollo personal y posponiendo el ser protagonista de la propia vida. Y todo eso volverlo una forma permanente de estar en el mundo y de convivir con el mundo. 

Los costos

Cuando esto de postergarse se instala como un estilo de vida genera una serie de costos. Desde dejar de hacer lo que nos apasiona y negar nuestros talentos hasta enfermarnos y afectar la salud en la lucha por dar respuesta a las interminables demandas de la vida social. Este mal hábito suele partir como un sintomático estrés (y un “no tengo tiempo”) y puede terminar con el paso de los años, en problemas de salud física y mental más serios. Básicamente, porque no hay nadie que de forma individual pueda dar respuestas a todas las demandas del entorno pues para responder bien a las exigencias de la vida, en mayor o menor medida, siempre necesitamos de otros. Nadie puede solo, querer hacer todo de manera individual y desconectado de sí mismos, termina estresando a cualquiera y a la larga enferma o física o psicológicamente. O ambas.

Dejar de escuchar la propia verdad

Esto pasa porque al dejar de escucharse empezamos a vivir en el automático de las exigencias del mundo exterior, dependiendo de lo que otros supuestamente quieren y volviéndose adictos a las demandas de afuera. Y si no hay demandas, la idea es inventarse tareas y así siempre se está ocupado, en la acción, usando el tiempo en algo, en lo que sea. Porque la idea es rellenar el espacio del silencio. Silencio que incomoda. Silencio que cuando habla comienza a mostrarnos una propia y necesaria verdad, la que muchas veces no se desea oír. La propia verdad de lo que necesitamos escuchar en ese momento. La verdad de que somos protagonistas de nuestras vidas, nuestra felicidad y nuestras decisiones. Si alguien no quiere oír eso, claro que lo mejor es llenarse de “quehaceres”.

Además de ello, cuando las personas dejan de escucharse les cuesta luego reconocer sus propios talentos, sueños, anhelos, intereses y propósitos de vida y se convierten en repetidores de exigencias y moldes de otros, que tampoco desean esas exigencias pero las asumen y que también están desconectados de sus talentos, virtudes y sueños personales. Es como si las personas se perdieran de sí mismas ante tanta acción y estrés del exterior, dando siempre más valor a lo "externo" que al mundo interior. Generando un auto bloqueo en el crecimiento y la evolución personal pues sabemos ya que las personas que logran mayor desarrollo, logran ser más felices y tienen mejor consciencia de sus propias virtudes y defectos, suelen tener mejor relación y satisfacción con la vida versus quienes se vuelven repetidores automáticos de mandatos que suelen no pertenecerles. 

Los mandatos externos

Es impresionante ver tantas personas que tienden a postergarse porque dejaron de escuchar su verdad interior para sólo escuchar mandatos externos. Mandatos de sus familias, de las historias que se han contado, de los moldes sociales, de sus roles e incluso de la televisión. Personas negadas de sus íntimas y naturales prioridades personales y propósitos en la vida. Negadas de sí y sus dones y de su aporte al mundo, dejando de ser protagonistas y partícipes de lo que les pasa. Siendo que la mayor responsabilidad con nosotros mismos es ser actores principales de nuestras vidas y nuestros talentos, para ponerlos al servicio de una humanidad que necesita de lo mejor de cada uno de nosotros.

Para eso hay que hacer un cambio radical y cuestionar nuestros sistemas de creencias. Lo primero, comprender que el postergarse nos vuelve irresponsables con nuestra propia vida. Segundo, valorar que dedicar tiempo personal es también una necesidad humana. Y tercero, que hay que invertir en uno mismo.

¿Qué es eso de invertir en uno mismo?

Diremos que invertir es volcar energía y recursos actuales en alguna actividad con el fin de conseguir resultados mayores y beneficios superiores en el tiempo. Invertir en uno mismo es dedicar energía, recursos y tiempo en:

a) Poner el foco en la autorrealización personal.
b) Desarrollas las habilidades y los talentos propios.
c) Dedicar tiempo a cuidar nuestra salud mental, bienestar y calidad de vida.
d) Buscar el sentido superior y los propósitos de lo que hacemos.
e) Dedicar tiempo y energía a nuestros reales intereses e inquietudes.
 

Es también dedicarse, conscientemente, a invertir tiempo para lo que se anhela, sueña y se desea. Es priorizar tanto los sueños exteriores como los del mundo interior. Es darle cabida a ambos mundos. Es tener en la lista de prioridades de la semana las compras en el supermercado y las clases de yoga, el desarrollo personal, salir a pasarlo bien o cualquier actividad o interés que nos nutra, nos una buena calidad de vida y nos permita estar mejor con nosotros mismos.

Es, además, una inversión en tiempo para detenernos, re-pensarnos y hacernos preguntas fundamentales para nuestra existencia. Preguntas como:

a) ¿Qué es lo que realmente quiero para mi vida?
b) Esto que tengo ¿es realmente lo que soñé alguna vez para mí?
c) ¿Soy feliz?
d) ¿Qué me da bienestar y mejor calidad de vida?
e) Lo que hago en mi trabajo, ¿me permite desplegar mis talentos?
f) ¿Dónde, con quien y cómo quiero estar?
g) Las acciones que realizo cada día ¿están al servicio y están directamente conectados con los propósitos que tengo en mi vida? 
f) Si yo tuviese que volver nuevamente al mundo...¿Haría exactamente lo mismo que ahora estoy haciendo?
 

Por todo esto y mucho más, creo que a la luz de la actual realidad no invertir en uno mismo es un asesinato a los propios talentos, la autorrealización y el bienestar. Hay que dedicar tiempo a la felicidad, al disfrute, al desarrollo de nosotros mismos, a la autorrealización y a las cosas que nos apasionan, comprendiendo que las personas somos más felices cuando le damos tiempo a cada cosa en la que decidimos activamente estar y en aquellas actividades donde surge lo mejor de nosotros. Donde aparecemos de verdad, fluyendo, con todo nuestro ser y energía y sin límite alguno.

Las amenazas del sistema social actual

Ahora bien, por cierto que estamos bombardeados socialmente para desconectarnos de nosotros más que para conectar con nuestras reales prioridades personales. Debemos reconocer que el sistema social actual no ayuda mucho ni nos facilita el tiempo ni el foco para hacernos esas preguntas tan relevantes y necesarias. Así, he observado que existen 5 amenazas recurrentes de nuestra actual cultura que hacen que las personas no deseen invertir tiempo y dedicación para sí mismos. Ideas que podemos cuestionar, a lo menos, revisarlas y desafiarlas para que no nos obstaculicen. Estas son:

1) Administrar mal el tiempo o no saber darle valor a los tiempos personales.
2) Asumir sin cuestionamiento las expectativas sociales anulando los anhelos y los sueños propios.
3) Estar siempre haciéndose cargo de algo, de situaciones o de otras personas pero menos de sí mismos.
4) Creer erróneamente que dedicarse a uno mismo es ser egoísta (y tener culpa al dedicar tiempo propio).
5) No ver el valor de trabajar en la búsqueda de la realización personal y el bienestar.

Todas ideas que pueden ser muy cuestionables pero que se han anquilosado en la mente social con pocazo cuestionamiento y que traen significativos costos en la vida de las personas.

Luces de cambio

Ahora bien, poco a poco como sociedad hemos comenzado a invertir espacios y tiempo consciente en crecimiento, autorrealización y bienestar personal. En tiempo para la familia, los hijos, la pareja, los amigos, el disfrute, el placer, el descanso, en viajes, en espacios para la introspección, en contacto con la naturaleza, en desarrollo personal y en muchas actividades para dedicarse a sí mismos y darle importancia a la calidad de vida.

Porque los tiempos están cambiando y las personas se están preguntando más respecto a ellas mismas, derivados de la actual crisis del sentido y al observar los cambios y los conflictos que tenemos hoy como humanidad. Porque cuando las cosas se empiezan a mover, a quebrarse, a romperse y generar crisis fuera de nosotros, inmediatamente comenzamos a mirar un poco más directo hacia dentro. Los grandes conflictos suelen llevarnos a ser más conscientes de la responsabilidad personal en lo que pasa en el mundo exterior y en nuestro mundo interior.

Tiempos para ser protagonistas

Afortunadamente, la tendencia hoy es que cada vez más personas empiezan a darle un valor y a ser conscientes de la importancia de dedicarse a sí mismos, priorizando el desarrollo íntegro de todo su potencial. Cada uno buscará su mejor estrategia para hacerlo pero claramente sino le damos un valor, un sentido de alta urgencia y una relevancia al desarrollo personal, las demandas del mundo moderno y del trabajo consumirán todo tiempo para la autorrealización, la calidad de vida y los momentos para disfrutar de todo el esfuerzo invertido en el trabajo u otras actividades.

Son tiempos de cambio. Son tiempos para no postergarse ni menos excluirse. Son tiempos inevitables de participación activa en la vida que estamos llevando y del mundo que estamos re inventando. Es tiempo y energía valiosa necesaria de invertir para contribuir a un planeta abatido que espera que los ciudadanos del mundo estén realmente presentes, felices y más protagonistas que nunca.

Shenyin Loo Valdés
Coach Ontológico

 

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